jueves, 30 de octubre de 2014

Michel Houellebecq (1)



En nuestras sociedades contemporáneas, una vida humana pasa necesariamente por uno o varios periodos de crisis, de intensa revisión personal. Así que es normal que en el centro de la ciudad de una gran capital europea uno tenga acceso al menos a un establecimiento abierto toda la noche.

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El mundo es igual a la suma de conocimientos que tenemos sobre él.

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En cuanto uno entra en el mundo del trabajo, todos los años se parecen. Los únicos acontecimientos que quedan por vivir son médicos.

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Los niños soportan el mundo que los adultos han construido para ellos, intentan adaptarse a él lo mejor que pueden; lo más normal es que al final lo reproduzcan.

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En toda la superficie del planeta una humanidad cansada, agotada, llena de dudas sobre sí misma y sobre su propia historia, se disponía, mal que bien, a entrar en un nuevo milenio.

Las partículas elementales

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¿Qué es lo que define a un hombre? ¿Cuál es la primera pregunta que se le hace a un hombre cuando quieres informarte de su estado? En algunas sociedades le preguntan primero si está casado, si tiene hijos; en la nuestra, se le pregunta en primer lugar su profesión. Lo que define ante todo al hombre occidental es el puesto que ocupa en el proceso de producción, y no su estatuto de reproductor.

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No hay que buscarle sentido a lo que no lo tiene. Wittgenstein en su Tractarus dice: "De lo que no puedo hablar tengo la obligación de callarme".


El mapa y el territorio

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Lo que más valoramos es la juventud, pero nuestro objetivo es hacernos viejos. ¿Cómo no vamos a sentirnos deprimidos?

Entrevista

6 comentarios:

ohma dijo...

Sus frases tienen tanta razón que sobrecogen.
Gracias por recordarme a este gran escritor.
Un abrazo.

Tesa Medina dijo...

Tal vez va de provocador, pero Houellebecq tiene algo que me atrapa, quizá esa lucidez, o que sabe resumir en una frase el desasosiego con el que nos toca vivir.

Cuando lo leo, trato de huir de su pesimismo, pero me dejo enredar como una mosca despistada en su tela de araña.


Las horas dedicadas a un trabajo que no nos gusta es la cadena que nos mantiene anclados y nos desdibuja. Somos la sombra que se queda atrapada, mientras el resto de nuestro ser se aleja horrorizado.

Nos soporto ver como los adultos corrompen el espíritu rebelde, abstracto y flexible de los niños. Como entierran su alma con montones de reglas absurdas, como los van tiñendo de gris para que se parezcan a ellos.

Hoy, que tengo algo de tiempo, lo estoy pasando en grande leyéndote.

Muchos besos,

Sorokin dijo...

Es un buen escritor, pero me pasa como con Pierre Lemaitre -otro escritor fabuloso-, que me producen una gran incomodidad cuando los leo, aunque como provocador gana Houellebecq, sin duda. Mi preferido, de esa generaciópn francesa, es Philippe Claudel, aunque también se las trae

Anónimo dijo...

Una alfombra de bienvenida para una bestia peluda.

roberto montelana dijo...

Un proceso que se dibuja frente a nuestros espejos.

Nada que temer, las arrujas son las cicatrizes del diario vivir.

Saludos!

María Perlada dijo...

El mundo es igual a la suma de conocimientos que tenemos sobre él. Me gusta la frase, como todas las demás, pero es así, en verdad.

Un placer pasarme por tu blog, voy a descubrir más entradas.

Un beso dulce de seda poético.