viernes, 17 de octubre de 2014

Amor y basura





El hombre no vive para defenderse; hay momentos en que debe actuar, o al menos reconocer su desorientación y callar.


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El Apocalipsis puede presentar apariencias distintas. A primera vista, la menos dramática será aquella en la que el hombre perezca bajo una avalancha de cosas inútiles, de palabras despojadas de significado, de actividad excesiva. El hombre se convierte en un volcán que absorbe furtivamente calor del subsuelo hasta que un día da una sacudida y se sepulta a sí mismo.

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De toda la basura que nos arrolla y nos amenaza con la inhalación de su putrefacción, las más peligrosa son los montones de pensamientos caducos. Dan vueltas a nuestro alrededor, escurriéndose por las laderas de nuestras vidas. Las almas con las que se tropiezan se marchitan y, al poco tiempo, dejan se ser vistas con vida.

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Resulta difícil expresar en voz alta los sentimientos que padre e hijo se esconden el uno al otro. Mi padre tampoco supo expresarlos; de hecho, nunca hablamos de nada demasiado personal. Las cuestiones de las que solíamos conversar no le ofrecían la posibilidad de expresar sentimiento alguno.

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Al hombre le asusta conseguir aquello que anhela, a la vez que, en su subconsciente, anhela aquello que le asusta. Tememos perder a quienes queremos. A fin de no perderlo, lo ahuyentamos.

Ivan Klíma, Amor y basura

1 comentario:

Tesa Medina dijo...

Lúcido y brutal. Me lo apunto para leer.

Un beso,